Gran Canaria, la más meridional (después de El Hierro) de las siete islas del Archipiélago Canario, a 60 Km de Tenerife y a unos 200 Km de África, con sus 1.500 Km² de barrancos, pinos, palmeras y playas, y sus cálidas aguas, exhibe unos tesoros naturales y culturales, amasados a lo largo de sus quince millones de años, que convierten a esta isla volcánica en un microcontinente exótico.
Se localiza entre los paralelos 27º44' y 28º11' al norte del Ecuador, y los meridianos 15º22' y 15º50' al oeste de Greenwich.
Situada en la provincia de Las Palmas está formada por veintiún municipios: Las Palmas, Telde y San Bartolomé de Tirajana, son las zonas más pobladas. El aspecto de la isla de Gran Canaria podría describirse como un círculo, cuya perfección se ve quebrada en su zona septentrional.
Situada, prácticamente, en el centro del Archipiélago, entre Tenerife y Fuerteventura, dibuja un cono, también casi perfecto, cuyo vértice sube hasta el Pico de Las Nieves (1.949 metros). Lavas basálticas forman el terreno, adicionado después con otro tipo de materiales a los que se superponen diferentes conglomerados, como es el caso del Roque Nublo (1.813 metros).
La historia grancanaria comienza con los rugidos del mar en la era terciaria.
Fue Plinio, hace unos dos mil años, quien se encargó de divulgar por el mundo la existencia en la isla de unos enormes perros, basándose en las descripciones que de ella habían hecho muchos navegantes. Bautizados según la lengua romana como “canis”, de éste vendría el nombre de Canarias, y debido al tamaño de los canes, surgiría el epíteto de Gran ( ... ).
Antes de la llegada de los españoles Gran Canaria estaba poblada por aborígenes, que llamaban a la isla “Tamarán”.
Parece ser que la cultura grancanaria fue de mayor complejidad que la desarrollada en otras islas.
Durante el primer milenio antes de Cristo la isla empezó a recibir los primeros visitantes (cromañoides y mediterranoides), seguramente procedentes del norte de África. Trajeron con ellos ganado y semillas.
El resultado de las distintas corrientes (beréberes, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes) son los aborígenes, encontrados en el s. XIV por los europeos.
El nombre genérico de “canarii” se aplica sólo a los habitantes de Gran Canaria, aunque más tarde se generaliza el de “guanche” para todas las islas.
Los antiguos canarios, los cromañoides, tenían pómulos anchos y una estatura media de 1,65 m. Más altos fueron los mediterranoides, de cara larga: una de las momias que se conservan en el Museo Canario mide 1,84 m.
En el caso de Gran Canaria, parece que la economía estaba basada en la agricultura. La cebada, el ñame, los higos secos, constituían junto con la caza y la pesca, los elementos básicos para su subsistencia. De los bosques obtenían miel de palma (abundaban los palmerales).
Gran Canaria estuvo muy habitada y pasó por periodos de superpoblación. Los canarii vivían en cuevas naturales o artificiales (cavaban la toba volcánica). Muchas cuevas eran de acceso complicado, por lo que se cavaban escaleras o se colocaban andenes (se pueden ver en el Barranco de Guayadeque). Vivían compartiendo superficies comunes, donde impartían justicia o enterraban a los muertos (necrópolis). Aprovechaban también abrigos y cabañas con techos de maderas cubiertas con materias vegetales.
Desconocían el oro, la plata y los metales. Gran parte de sus útiles procedían de diversas rocas volcánicas. Las puntas de sus lanzas y muchas herramientas, eran de piedra pulida. Disponían de hachas (de jadeíta o de basalto), picos para cavar las cuevas, etc. De los huesos (procedentes de la actividad ganadera), salían punzones y alisadores.
Los cereales, para hacer el gofio, se pulverizaban con molinos de piedra (se han localizado cuatro canteras en Las Palmas, Telde, Agaete y Tirajana).
Cubrían la piel con materias vegetales y animales, cosidas con agujas óseas e hilo de nervio de cabra o de tripa. Según los historiadores del siglo XVI y XVII, iban cubiertos o semicubiertos con cueros o pellejos (pieles de carnero y de oveja). Debajo llevaban una especie de vestidos de juncos majados (esteras) y, más raramente, de palma. Colgaban de sus hombros los “tehuetes” o bolsos, donde guardaban las cosas.
No vendían ni compraban, cambiaban las cosas (trueque) y parece ser que no esclavizaban.
Administrativamente la isla se dividía en dos guanartematos (reinos): Telde y Gáldar. El guanarteme teldense era más poderoso militarmente.
La sociedad se articulaba piramidalmente a partir del guanarteme o cacique elegido por una especie de nobles, entre los que el faycán, o jefe religioso, era el personaje más influyente. Tras él estaban los capitanes o guayres. Los rebaños pertenecían a las jerarquías altas, aunque los cuidaban otros grupos dependientes.
En la plaza o tagoror, se tomaban las decisiones sobre leyes. La mujer gozaba de gran respeto en la cultura guanche y podía disponer de distintos maridos.
En cuanto a la religión, es probable que practicaran cultos astrales (sol o alcorán) y otros relacionados con la fertilidad. Hay muchas montañas sagradas como la de Tirma o Humiaga (Cuatro Puertas): santuarios donde se educaban las doncellas de clase alta. Tenían ídolos, como el de Tara (fecundidad) y esculturas zoomórficas.
Creían en la otra vida, por eso momificaban; pero sólo a los personajes más importantes. El cadáver no debía corromperse: parece que extraían las entrañas y embadurnaban los interiores con manteca de cabra y plantas olorosas. Después el cuerpo era lavado con agua salada y se aplicaba un ungüento que contenía manteca, resina, hierbas aromáticas y piedra pómez. Esta operación se repetía varias veces, con lo cual se lograba el acartonamiento del difunto. Posteriormente lo cubrían con pieles cosidas y lo llevaban a una cueva, más o menos inaccesible. Junto a la momia ponían cuencos con leche, miel, armas, ...
También conocían las propiedades terapéuticas de algunas plantas, por ejemplo, la “sangre del drago”. Con las conocidas “pintaderas” (sellos con motivos geométricos) presionaban el barro para marcar, o indicar posesión.
Respecto a la escritura, se han encontrado “petroglifos” con signos alfabetiformes, por ejemplo en el Barranco de Balos.
La lengua aborigen se perdió para siempre dos generaciones después de la conquista. Existen unas tres mil palabras recopiladas.
De la cultura aborigen prehispánica, guarda valiosísimos documentos el Museo Canario de Las Palmas.
Desde principios del s. XIV las islas fueron visitadas y expoliadas frecuentemente, por mallorquines, catalanes, genoveses, portugueses y por los castellanos. Buscaban materias para la fabricación de tintes, como la “orchilla” (de color rojo), pieles de cabras y esclavos ..., que luego vendían en la Baja Andalucía o en el norte de África.
En el s. XV comienza la conquista castellana de Canarias que dura todo el siglo debido, sobre todo, a la fuerte resistencia de sus habitantes.
Algunas islas, como Gran Canaria, sin estar conquistadas todavía, eran cambiadas o vendidas por sus señores.
La ocupación de Gran Canaria fue comenzada por Juan Rejón, en 1478, y terminada por Pedro de Vera quien, al vencer la resistencia de la población guanche en 1.483, depositó la isla conquistada en mano de los Reyes Católicos hace unos quinientos años.
A grandes rasgos la conquista liquida la formación social anterior, la de los antiguos canarios.
Poco a poco, se reparten tierras y se organizan las instituciones de la Corona de Castilla. La figura principal es el Adelantado. En el Cabildo, presidido por el Gobernador, se administra la Justicia, hasta que en el primer cuarto del s. XVI se crea la Audiencia.