Como todos los aborígenes, el canario era artesano en su vida cotidiana. Los gánigos y los numerosos utensilios de la época prehispánica que han sobrevivido hasta nuestros días son muestra de ello. Trabajaban el barro sin torno, la madera, la piedra, el junco y pieles, fundamentalmente.
En el siglo XVI, con la llegada de los colonos, toda una mezcla de pueblos, la artesanía canaria incorpora un abanico de labores artesanales. Se emplean las mismas materias primas en todas partes, pero cada rincón del Archipiélago adapta los productos a sus necesidades. Así, en cada isla y ya sea en el entorno rural o en el urbano, los objetos artesanales adoptan una identidad propia.
La cerámica canaria suele estar basada en las tradicionales vasijas y cuencos del mundo prehispánico, empleadas para la vida cotidiana de los guanches y que ahora son objeto de colección y decoración. Normalmente están bruñidas y brillantes aunque no requieren ninguna pigmentación. El color viene dado por el barro utilizado, estableciendo éste la principal característica y diferenciación entre las islas. Arguayo en Tenerife, Chipude en La Gomera, Tejeda en Gran Canaria, Mazo en La Palma, son algunos de los municipios que cuentan con gran tradición alfarera.
La cerámica más peculiar es la que se encuentra en La Palma. Debido a su formación volcánica, la isla posee espléndidas tierras negras con la que los pobladores aborígenes realizaban sus cuencos sin torno, y que posteriormente cocían, decorándolos previamente con estrías y marcas zigzagueantes.
La cerámica de Tenerife se caracteriza por los vasos de fondo cónico, contando con mangos verticales y poca decoración. En Gran Canaria la cerámica tiene un color más terroso, con formas muy variadas y asas complejas. Están casi siempre pintadas con pigmentos naturales en rojos y negros. Se emplean cuños cerámicos (pintaderas) para rememorar aquellas cerámicas aborígenes que pertenecían a cada uno de los clanes familiares y que se decoraban con estos sellos aplicados al barro.
La cestería en Canarias tiene amplia variedad de formas y materiales. Son utilizados normalmente mimbres, cañas, follado, castaños, palmas, etc. En las Islas Orientales se emplea -principalmente- la palma destacando los sombreros de campesina de Fuerteventura y Lanzarote. También se emplean en Tenerife, Gran Canaria, La Gomera y en cestos y cofres de La Palma.
La artesanía textil ha sido de todas las labores artesanales la de mayor proyección en el exterior y la que se ha mantenido a lo largo de los siglos desde su introducción por los primeros colonos. La falta de materia prima en cantidad suficiente ha impedido desarrollar una industria y permitido mantener una rica tradición artesana, donde la seda y los tintes naturales, como la cochinilla y la orchilla, han sido los protagonistas.
Los calados son parte esencial de la artesanía de todo el archipiélago, principalmente de Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria, siendo los bordados de La Palma y El Hierro, objetos artesanos de igual importancia. Se suelen hacer con telas de hilo y lino, con motivos geométricos que recuerdan pequeñas rosas y ajedrezados.
La calidad de ejecución del trabajo es su sello de identidad y razón de superviviencia, pues los imitadores que venden a precios más competitivos no han logrado superarla.
Apartada de corrientes industriales, Canarias ha conservado a través del tiempo su tradición artesana, haciendo de ella una forma de vida y medio de subsistencia para muchos canarios.
A medida que fue desarrollándose el mercado y aparecieron útiles de uso cotidiano a precios asequibles, la artesanía canaria redujo su labor y los objetos artesanales pasaron de ser necesarios a convertirse en objetos de decoración y coleccionismo, como por ejemplo el cuchillo canario o naife.