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Este parque alberga una estructura singular de excepcional interés geomorfológico y gran valor paisajístico, con un papel fundamental en la captación de aguas y recarga freática del subsuelo. Desde una óptica ecológica, la muestra de pinar climácico de su interior además de contribuir al mantenimiento de la biodiversidad representa uno de los sistemas canarios más genuinos, con poblaciones vegetales amenazadas y hábitat único de varios endemismos. Entre los elementos naturales del interior de la cuenca, destacan roques como el de Idafe o el del Huso, grandes cascadas como la Desfondada (100 m de altura) y riachuelos de aguas ferruginosas como el del Almendro Amargo.
Fue declarado por el Decreto 2615/1954, de 9 de agosto, y reclasificado otra vez como parque nacional por la Ley 4/81, de 25 de marzo, sobre Régimen Jurídico de La Caldera de Taburiente. Con la aparición de la Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres, se vuelve a reclasificar como parque nacional y se integra en la red estatal de parques nacionales.
El parque es por definición área de sensibilidad ecológica en toda su extensión, a efectos de lo indicado en la Ley 11/1990, de 13 de julio, de Prevención de Impacto Ecológico. Además, ha sido declarado zona de especial protección para las aves de acuerdo con la Directiva 79/409/CEE relativa a la Conservación de las Aves Silvestres. Asimismo, dentro del parque se encuentra un sector del monte de utilidad pública nº 27 «Ferrer, Ladera y Monclás».
Limita al este con el parque natural de las Nieves y al suroeste con el paisaje protegido del barranco de Las Angustias. Dentro de este espacio se encuentra el monumento natural de Idafe.

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